La OTAN está inmersa en un proceso de transformación profunda, buscando no sólo ajustarse a los tiempos sino adelantarse a ellos, adoptando una «mentalidad de guerra» ante los desafíos estratégicos del siglo XXI. En esta nueva era, el poder militar ya no reside únicamente en el tamaño de las fuerzas armadas, sino también en los dominios digital y cognitivo.
Para abordar la guerra híbrida, la ciberseguridad y el rápido avance de las Tecnologías Emergentes y Disruptivas (EDTs), la Alianza creó DIANA (Defence Innovation Accelerator for the North Atlantic). Esta aceleradora tiene como misión tender un puente entre la innovación tecnológica civil y la capacidad de defensa. El impacto de DIANA es claro: ha atraído a más de 2.600 empresas en su segundo año.
Sin embargo, la innovación disruptiva requiere velocidad de adopción. Jean-Charles Ellermann-Kingombe, Subsecretario General Adjunto de la OTAN para Innovación, Cibernético y Amenazas Híbridas; subraya que si los aliados desean innovar, deben “presionar a nuestras burocracias para que se organicen de una manera que acelere la adopción de tecnología».
De esta necesidad surge el Plan de Acción de Adopción Rápida (RAAP), un mecanismo crucial para incorporar con celeridad la innovación disruptiva. El RAAP se centra en:
- Acelerar los ciclos de adquisición.
- Definir requisitos basados en efectos en lugar de especificaciones técnicas estrictas.
- Aumentar el acceso a entornos de prueba y crear zonas de demostración compatibles con la OTAN.
- Conectar las necesidades de defensa con las soluciones ya existentes («off-the shelf«) de las startups innovadoras.
Esta estrategia abraza la filosofía de «probar, fallar, empezar de nuevo» que la OTAN necesita aprender para integrar la innovación impulsada por software. Los primeros resultados ya son visibles: la OTAN está desarrollando sistemas de vigilancia de base tecnológica, como Task Force X, utilizando activos no tripulados proporcionados por startups de DIANA.
La capacidad de acelerar la adopción, como lo promueve el RAAP, es lo que permitirá que tecnologías como la Inteligencia Artificial, que ya ha demostrado su potencial para optimizar la toma de decisiones y mejorar la precisión en el campo de batalla, se integren más rápidamente.
La transformación de la OTAN subraya una verdad ineludible: la innovación disruptiva exige una burocracia flexible y rápida. Iniciativas como DIANA y el RAAP representan un cambio cultural donde se prioriza la agilidad sobre la rigidez, lo que resulta fundamental para alcanzar la superioridad tecnológica necesaria para un futuro más seguro.







